Intercambio Los Montecillos-Calypso

Coín / Montreuil-Bellay

lunes, 22 de febrero de 2010

Los padres opinan: Reflexión sobre nuestra experiencia en el programa de Intercambio - Año 2006

Con la intención de que puedan entender nuestra opinión sincera, sobre esta experiencia que ha resultado excelente, permítanme que me presente y presente a mi esposa. Mi nombre es Juan y el de mi esposa Melli. Tenemos un hijo de 14 años, al que intentamos educar de tal forma, que buscamos fomentar en él, valores de responsabilidad e independencia que le permitan hacer frente, a la vida que nos ha tocado vivir, y que una de las expresiones de internet define, como “la aldea global”.

En poco tiempo hemos pasado, “del correo urgente“a la comunicación “on line”, con cualquier parte del mundo, y en tiempo real. De tener que enviar una tarjeta postal a amigos y familiares residentes en Estados Unidos, con un mes de anticipación para felicitarles en su cumpleaños, a saludarlos y compartir con ellos a través de la “webcam”, cualquier evento o celebración, en directo y desde nuestro propio hogar. Por eso y desde que era muy pequeño, incluimos en su formación a través de la enseñanza privada (de la que no somos partidarios), la enseñanza de la lengua inglesa, pues no nos queda otro remedio, que aceptar estos avances, que permiten el enriquecimiento del ser humano, por medio del mestizaje y la multiculturalidad.

Llevábamos en Coín, a penas un mes (pues decidimos dejar la ciudad, para regresar al medio rural) cuando nuestro hijo nos dijo que quería participar en un programa de intercambio con muchachos de una ciudad francesa, y sinceramente, no sólo nos sorprendió, sino que nos gratificó, por lo que no pusimos ninguna objeción. Sí que es cierto, que comentamos el tema y nos pareció muy interesante y digno de elogio, que desde el mismo instituto, se promuevan y desarrollen estas iniciativas.

Lo único que nos condicionaba un poco, es que habíamos fracasado en un intento de compra de una finca con casa incluida y que nos habíamos tenido que adaptar de modo provisional, a una vivienda de alquiler, que aún siendo agradable, no reúne las comodidades, de un hogar propio, más como en mi etapa de estudiante en la universidad laboral, compartí mi hogar (la casa de mis padres), con muchos compañeros de ciudad, que se sorprendían al ver lo humilde que era, y a los que después, tenía que organizar, para que no nos la invadieran todos los fines de semana, pues lo que teníamos lo compartíamos de corazón, asumimos, que compartiríamos todo con nuestro invitado, y procuraríamos que se sintiese como en su propia casa. Aún con todo quedamos expectantes ante la inminente llegada.

Antes de la llegada del grupo de muchachos y profesores franceses, asistimos a la reunión que se convocó en el instituto, y nos pareció excelente, no sólo de la organización por parte del profesorado, sino su voluntad y firme convencimiento de lo didáctico y formativo de esta experiencia vital.

Cuando por fin llegó el grupo francés en el mes de febrero, y nos presentaron a nuestro “corresponsal”, nos encontramos con un muchacho de 15 años, rubio, con gafas y como toda la juventud adicto a las “marcas pijas”. Después de colocar sus pertenencias, nos preguntó en un par de ocasiones por el mar, y adiviné que tenía interés en él por lo que no teniendo una actividad inminente, nos fuimos a merendar a Marbella y pasear por Puerto Banús. Nos hicimos muchas fotos, nos reímos y compartimos nuestro corazón con él, asumiendo que durante una semana teníamos un hijo más. En el transcurso de la semana, nos dimos cuenta que Arsenne, era un muchacho limpio, responsable, agradable y simpático, así como que se llevaba muy bien con nuestro hijo y con nosotros. Cuando tuvo que partir, lo despedimos con lágrimas en los ojos.

Entre su partida y la salida de nuestro hijo a Francia, nos comunicamos varias veces con él, a través del ordenador, y nos sorprendió muy gratamente, recibir una carta (al estilo antiguo) con una postal de su ciudad y unas líneas en español de su madre, en la que nos agradecía el aceite, el vino y las naranjas que le habíamos enviado, en correcto castellano.

Asistimos a la nueva reunión convocada por el instituto, y nos ratificamos en nuestro deseo de que nuestro hijo viajase y viviese esa linda experiencia, expresando únicamente nuestra preocupación, con respecto al viaje en autobús, por lo largo y cansado que resulta, más entendemos que a la vez es el medio de transporte más efectivo.

Cuando nuestro hijo partió en el mes de mayo, lo único que pedimos, es que fuese un poco más comunicativo que Arsenne, que en los nueve días, tan sólo llamó a sus padres tres veces.

No sería honesto, si no reconociese que los nueve días se nos hicieron largos (más a mi esposa que a mí), y sobre todo uno de los días no pudimos contactar con él, más sabíamos que lo estaba pasando bien, y ese era el único motivo de su descuido.

Cuando por fin regresó, como venía cansado, más a la vez exultante de alegría, pues todo le había parecido la “mayor experiencia de su vida”, a la vez que había terminado de cerrar lazos de amistad, con la familia francesa, hasta el punto, de que me comprometió a viajar hasta allí este próximo verano, y exclamar varias veces que no le hubiese importado quedarse más tiempo. A modo de obsequio, la familia francesa nos envió vino de su región, licores de fabricación casera, dulces y patés franceses.

No quiero concluir sin insistir en todos los aspectos positivos de esta experiencia. No podemos mencionar, ni tan siquiera, uno que sea negativo. Hemos hecho nuevos amigos, no sólo franceses, sino que al compartir una inquietud común, con los padres de Coín, hemos pasado ratos juntos, que nos ha permitido conocernos mejor y estrechar lazos de amistad. Tenemos mayor confianza, en los profesores y en el centro escolar, pues nos han demostrado, no sólo su saber hacer, sino también su profesionalidad y humanidad. Nuestro hijo ha ampliado todos sus horizontes, pues ha conocido más nuestro país y ha podido disfrutar y conocer una nueva forma de vida y de cultura, que aunque cercana y vecina, es propia y diferente. Asimismo ha estrechado su relación de amistad con los muchachos y muchachas de Coín, que han viajado juntos y que según él mismo expresa en el instituto sólo conocía de vista, y hoy considera amigos.

Por todo lo expresado, sólo nos queda una pequeña observación o propuesta que hacer: ¿Por qué en 3º no organizamos un intercambio con Irlanda?... ¿Y en 4º con Polonia o Alemania?...

Sabemos del esfuerzo que el centro y su profesorado ha tenido que hacer, y queremos expresarle nuestra felicitación y agradecimiento, y aunque la propuesta sea a modo de broma, queremos indicarles que nos ponemos a su disposición, y que si nos consideran útiles, será un placer colaborar en todo lo que sea preciso, para la educación de nuestros hijos, que son nuestra prolongación y los que nos demuestran día a día, que el mundo camina hacia mejor, y que los esfuerzos que realicemos merece la pena.

Con nuestro agradecimiento, reciban un cariñoso saludo.

Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos. No obstante el regalo más valioso que se les puede dar, es desarrollarles la conciencia”. (John Ray)

Juan Tomás Rodríguez

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